domingo, 21 de octubre de 2012

RELATOS DESDE LA VENTANA



LA VENTANA

Baviera. Alemania. Otoño de 1857. En aquella noche fría y desapacible, el Barón Füller se entretenía leyendo uno de sus preciados volúmenes de botánica. Debido al ataque de gota que sufría, permanecía casi todo el tiempo postrado en su cama. Elisa, el ama de llaves, preguntó al barón si deseaba algo más. Él, abstraído en su lectura, le dio permiso para que se retirara a sus aposentos. Entonces, la mujer se dirigió a su cuarto, dos pisos más abajo, en el ala derecha de la mansión.

Minutos más tarde, el barón abandonó la lectura y apagó el quinqué de la mesilla para dormirse. Comenzaba a llover intensamente. A pesar de la poca claridad nocturna pudo percibir, como el amplio ventanal del dormitorio estaba cerrado, y él en sus condiciones, no podría acceder al cierre superior de aquella ventana. Le entró una sensación de ahogo e inquietud. Sus latidos se volvieron más intensos. Notaba su cuerpo rígido. Se sintió indefenso, sólo; se ahogaba. Tenía que hacer algo. Cogió el grueso bastón que apoyaba sobre el cabecero de la cama y, haciendo acopio de todas sus fuerzas, lo lanzó hacia la cristalera del ventanal.

Tras el estruendo de cristales rotos, notó como entraba el aire fresco en la estancia. Poco a poco fue apaciguándose; recobrando la normalidad. Todo había pasado ya. Se durmió enseguida, plácidamente; con una sonrisa en la boca.

A la mañana siguiente, cuando Elisa entró a despertarle, se preguntó atónita qué había pasado allí. El enorme espejo de la cómoda yacía en el suelo hecho añicos. Entre los trozos estaba también el bastón de su señor. Al lado, la ventana permanecía completamente intacta.

©Ceferino Otálora. (Mos)

8 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. He borrado un comentario que había hecho al relato de Mos porque una vez escrito, no me ha parecido oportuno el tipo de comentario que he hecho, siendo un blog ajeno. Os pido disculpas y en especial a él.

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  2. la intensidad de los latidos no es la celeridad de un corazón.
    enhorabuena por el relato excelente de principio a fin.
    saludos

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  3. Mos, tiene toda la razón David. No es lo mismo intensidad que aceleración. Así que me desdigo, es mejor la intensidad, da más fuerza, dice más. Besos.

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  4. ¡Bueno, bueno, bueno! Agradezco a Pilar y al resto de miembros del Club de Lectura que, con tanta celeridad, hayáis insertado un relato de mi autoría.
    Marta sabes que aprecio tus sugerencias y que no me importa que me saques los posibles fallos porque así nos ayudamos y podemos mejorar los escritos.
    Gracias también a David por comentar y pasarse por este relato un tanto atípico.
    Puede que sobre la última frase por lo evidente que es. Yo, en su día, (hace doce años que lo escribí), no lo vi así; supongo que quería recalcar con ello el hecho en sí de la situación que narro. El poder de la mente, la sugestión hizo el resto.
    Soy de la opinión que relatos con cierta solera y todo un bagaje detrás de ellos como puede ser recitales, lecturas o publicaciones, no le veo la necesidad de retocarlos aún sabiendo que todo es mejorable. Sí, por supuesto que sí, acepto las críticas y sugerencias pero más en relatos de reciente "hornada" donde todavía estamos a tiempo de corregir y cambiar errores.

    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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  5. Si, supongo que en el año 2000 tenías otros criterios al escribir. Mucho has avanzado desde entonces, soy testigo. Un beso.

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  6. Los criterios personales nunca deben prevalecer sobre los del propio autor, que responde de sus escritos.
    Otra cosa es el análisis, crítico si se quiere.
    "La ventana" es muy buen relato.

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  7. Uff, que frío! Otoño, Baviera, la soledad del varón...
    La soledad es mala compañera, incluso produce claustrofobia a veces.
    La ansiedad del varón se calmó pero ahora le quedaban por sufrir siete años de mala suerte, ja,ja!
    Muy bueno el relato, Mos!

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